Humanos – La presencia de Dios

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31 de julio

Año 3

No. 188

Al término de las vacaciones y al inicio del nuevo semestre académico, dedicamos este número de “HUMANOS” al tema de la presencia divina.

En efecto, estas palabras: “ACORDÉMONOS QUE ESTAMOS EN LA SANTA PRESENCIA DE DIOS…” resuenan nuevamente en nuestros salones de clase. Asimismo, con estas palabras iniciamos las reuniones y juntas que se celebran en las oficinas académicas y administrativas de las comunidades educativas lasallistas.

1. EL HOMO RELIGIOSUS.

Admitimos que hombre de nuestro tiempo es sensible a los valores filantrópicos y sociales, sin embargo, su acción será sólida, solamente si nos acostumbramos a buscar la razón íntima nuestra existencia.

Para ello, es necesario promover un programa que haga explícito y claro el proceso de maduración de los integrantes de nuestras comunidades.

Ahora bien, para iniciar este proceso de maduración, es preciso tener resuelto el problema de la existencia de Dios.

2. EL COSMOS NOS HABLA DE SU HACEDOR.

Consta que, después de algunas décadas tormentosas de agnosticismo, el hombre de hoy ha vuelto a confiar en su capacidad para captar el valor de las cosas y el sentido íntimo de la vida humana, llegando a reconocer que todo lo que somos y todo lo que tenemos, lo hemos recibido de Otro.

Hemos vuelto a ser buscadores del rostro de Dios, cuyas huellas son visibles en el cosmos entero. En efecto, este cosmos es un constante punto de partida para llegar a la afirmación de la existencia de un Ser Supremo.

«Los primeros que miraron el cielo y contemplaron el sol que recorre su camino desde la aurora hasta el ocaso y que admiraron las danzas armoniosas de los astros, buscaron un artífice de esta hermosa ordenación, y no pensaron en el azar, sino dijeron que todo había sido formado por una naturaleza superior e incorruptible, que llamaron Dios».[1]

Este espíritu de admiración y de asombro es el camino más directo que nos lleva a afirmar la existencia y la presencia de Dios.

3. SOMOS BUSCADORES DEL NOMBRE DE DIOS.

Además de las vías cósmicas, es interesante observar que en los libros de texto, en los medios de comunicación, en los planes de estudio de cualquier nivel, usamos un lenguaje que puede ser un camino directo hacia Dios.

He aquí algunos de los términos habituales en nuestros salones de clase. Tales términos son misteriosamente cargados de un profundo sentido religioso.

Algunos ejemplos: Principio, unidad, infinito, simple, perfecto, racional e irracional (hablando de números), parábola, potencia (dinámica), movimiento (cinética), fuerzas concurrentes, trabajo, resonancia (es notable que resonancia es la palabra que traduce el término griego “catequesis”), cuerpo, masa, gravedad, conservación, conversión, diferenciación, integración, función, defunción, energía, vida…

Estos y muchos otros términos constituyen el lenguaje especializado de nuestros maestros (biólogos, físicos, matemáticos, ingenieros, arquitectos, administradores, contadores, juristas, comunicólogos, humanistas…).

Ahora bien, si superamos los límites de un aprendizaje memorístico y nos acostumbramos a reflexionar sobre la nomenclatura de las distintas asignaturas, descubriremos un camino que nos puede llevar a llamar a Dios con su Nombre, y nos daremos cuenta que “ESTAMOS EN LA SANTA PRESENCIA DE DIOS…”.

4. SE ACLARA LA NOCIÓN DE PRESENCIA.

En los entes corpóreos, la presencia se limita a una cercanía en el espacio y a una simultaneidad en el tiempo. Se trata de una presencia pasiva, en cuanto que los entes corpóreos se encuentran en tal lugar. Por ejemplo, el pizarrón está pasivamente presente en el salón de clase. Una persona, en cambio, está presente a otra persona (sea a la persona humana, sea a la persona Divina) porque expresa su interioridad. En efecto, el hombre está verdaderamente presente a los demás y a la divinidad, ya que puede entablar con ellos una relación interpersonal mediante su inteligencia y su querer reflexivo. Toda presencia personal es una comunicación.

Por cierto, “persona humana” significa una criatura de naturaleza intelectual. La misma palabra “persona” (per-sonare, verbo latino de sintonía) nos indica su esencia que consiste en la capacidad de sintonizarse (per-sonar) con otra persona humana y con la persona divina, gracias al poder espiritual que consiste precisamente en la capacidad de la inteligencia y del querer reflexivo.

5. EPÍLOGO.

Solamente Dios y el ser humano somos personas, es decir, solamente nosotros participamos el poder intelectual.

Por cierto, no somos grabadoras ni fotocopiadoras. Somos imágenes de Dios, ya que de Él participamos la inteligencia y el querer reflexivo.

Luego, para estar en la presencia de Dios y en la presencia de los demás es necesario no descuidar nuestra tarea fundamental que consiste en vigorizar el hábito de la reflexión para establecer aquella presencia personal que nos permite cultivar la unidad de una comunidad humanamente integrada.

[1] ARISTÓTELES, Diálogo sobre la filosofía, n. 84.

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